“All by myself don’t wanna be,
all by myself…”
..era lo que veía cada vez que peleaba con aquel. Los días que pasábamos sin hablar me hacían imaginar un abismo en el cual cada quien se encontraba de un lado, y entre más días pasaban sentía que el abismo se hacía más largo y más profundo.
Derramaba muchas lágrimas. Muchísimas. Lloraba implorándole al cielo que porfavor me dejara casarme con él. Que no lo quería dejar, que lo amaba. Más bien estaba obsesionada al punto que no podía ver lo que pasaba. Abel sólo me veía algunos días. Nunca me llamaba por teléfono y cuando lo hacía yo aprovechaba para relcamarle porqué no me había hablado en tantos días, para terminar peleando.
Se llevo una de las cosas más preciadas para mí. Mi virginidad. “Lo nuestro es para toda la vida”, me dijo antes de entrar en mí. Sólo tuvieron que pasar algunos meses para que los planes de estar juntos por siempre, casarnos, empezar un futuro juntos, se fueran a la basura, cuando me dijo que no estaba seguro de querer eso.
Me costó mucho trabajo aceptarlo. Cuando alguien te dice día y noche por ocho meses que se quiere casar contigo y demás, te la crees. Y que te diga que siempre no, es como quitarle un caramelo a un niño. Después de todo tenemos sentimientos, y cuando los alimentas acompañados de ilusiones y pérdida del suelo los resultados suelen ser catastróficos, no crees?
Teena

1 Comment
July 23, 2008 at 8:40 pm
creo que ese ejemplo es más fuerte que un dulce a un niño, dandole otro, pudiera ser que se le quitara?
cuando sucede alguna tragedia, me digo a mi mismo que por algo pasan las cosas, creo que mejor antes que después no?